Nutrición Porcina 09/11

Papel de los ácidos grasos Omega 3 en la alimentación del cerdo

Parte I

 

Introducción

En la nutrición porcina, las grasas son tradicionalmente introducidas en las dietas como componentes de alta energía, contribuyendo los ácidos grasos con un 94-96% al peso total de las grasas y aceites. Por otra parte, la eficiencia de utilización de la energía metabolizable de los lípidos es muy alta (Noblet et al., 1994), con un incremento bajo del calor metabólico, por lo que su aporte es recomendado en dietas en épocas de temperaturas elevadas.

Además de la importancia general de la grasa como fuente de energía, la grasa aporta ácidos grasos esenciales (AGE), los cuales son vitales para mantener una correcta función del organismo.

Los AGE son ácidos grasos que no se pueden sintetizar endógenamente por los seres humanos y animales, por lo tanto, éstos deberán obtenerse de fuentes alimenticias exógenas (Beare-Rogers et al., 2001).

Los ácidos grasos son ácidos orgánicos de cadena larga que poseen generalmente hasta 24 átomos de carbono, tienen un solo grupo carboxilo y una cadena hidrocarbonada apolar, la cual les confiere su naturaleza de insolubles en agua. La cadena hidrocarbonada puede hallarse completamente saturada, es decir, contener únicamente enlaces simples (C-C) o poseer insaturaciones, dobles enlaces, en cantidad de uno o más. En la mayoría de los ácidos grasos insaturados, el doble enlace se encuentra entre los átomos 9 y 10. Si existen más dobles enlaces, aparecen normalmente entre el enlace doble en posición 9 y el grupo metilo terminal. Si el ácido graso contiene más de un doble enlace, éstos, salvo excepciones, no se hallan conjugados (-CH=CH-CH=CH-) sino que se encuentran separados por un grupo metileno (-CH=CH-CH2-CH=CH-).

Cuando únicamente existe una insaturación en la cadena se habla de ácidos grasos monoinsaturados (AGMI). En caso de haber más de una insaturación, serían ácidos grasos poliinsaturados (AGPI).

El sistema de nomenclatura consiste en una C, seguida de dos números, separados por dos puntos. El primer número indica el número total de C de la cadena hidrocarbonada, mientras que el segundo indica el número de dobles enlaces que contiene.

La posición de los dobles enlaces se indica como un superíndice en el segundo número. Así, el linoleico (9,12-octadecadienoico) como C18:2 9,12 y el linolénico (9,12,15-octadecatrienoico) como C18:3 9,12,15.

Se usa, además, en la literatura científica una nomenclatura adicional relacionada con la posición del último doble enlace al final de la cadena hidrocarbonada. Las cadenas de ácidos grasos se numeran a partir del grupo carboxílico, donde se considera que se encuentra el inicio de la cadena alifática. Al carbono 2 se le denomina α porque es el primer carbono tras el grupo carboxilo. El carbono 3 se denomina β. Como el alfabeto griego comienza por la letra α y termina por la letra ω, el último carbono de la cadena es denominado carbono omega (ω).

Los ácidos grasos poliinsaturados (AGPI) se caracterizan por ser ácidos grasos de cadena larga que contienen en su estructura dos o más dobles enlaces. Entre estos ácidos destacan sobre todo los ácidos grasos ω-6 y ω-3. Los términos ω-3, ω-6 hacen referencia a la distancia entre el último carbono de la cadena, el ω, y el carbono más cercano a éste que forma parte de un doble enlace. Así, un ácido graso ω-3 tendría el último doble enlace a tres átomos de carbono de distancia del carbono ω y un ω-6 lo tendría a seis carbonos de distancia.

Hay dos familias de AGE: ω-3 (omega 3 o n-3) y ω-6 (omega-6 o n-6). Los ω-6 se encuentran representados principalmente por el ácido graso linoleico (C18:2 􀁴-6, LA) y el araquidónico (C20:3 􀁴-6, AA o ARA). Los ω-3 están compuestos por ω-linolénico

(C18:3 􀁴-3, ALA) y sus derivados, principalmente, el ácido eicosapentaenoico (C20:5, EPA) y el docosahexaenoico (C22:6, DHA) (Rooke et al., 2003).

Los animales no pueden sintetizar ácidos grasos de longitudes superiores a 18 carbonos. Por ello no son capaces de sintetizar de novo LA, ALA o AGPI de mayor longitud. Sin embargo, una vez obtenidos, sí son capaces de transformarlos en otros AGPI. La consecuencia es que estos ácidos grasos son esenciales para los animales superiores, incluidos los mamíferos, que se aprovisionan de ellos a través de la alimentación. En este sentido, en los humanos, el ALA de la dieta puede ser metabolizado a cadenas largas como el eicosapentaenoico (EPA) o el ácido docosahexaenoico (DHA) en el hígado (Holub, 2002). Esta conversión es limitada, y en los seres humanos, se estima que sólo el 8% de ALA se convierte en EPA e, incluso menos en DHA (menos de 4%) (Burdge et al., 2002). En los cerdos, se estima que sólo el 40% del ALA de la dieta se deposita en el organismo. De esta cantidad, el 63% se deposita en forma de ALA, el 28,5% se metaboliza en EPA y tan solo el 0,9% lo hace en forma de DHA, lo que sugiere que esta conversión es más eficiente en los cerdos que en los seres humanos (Kloareg et al., 2007). Ello es así, ya que en las rutas metabólicas de desaturación y elongación del ALA para convertirse en EPA y

DHA, existe competencia por las propias enzimas (delta-6-desaturasa, delta-5-desaturasa y elongasa) que son compartidas con la ruta de conversión de los AG de la familia ω-6 (Figuras 1 y 2).

 

Figura 1. Ruta metabólica de desaturación y elongación del ácido ω-linolénico (ALA).

 

Figura 2. Ruta metabólica de desaturación y elongación del ácido linoleico.

 

Estudios recientes han demostrado que varios de estos AGE, como los ácidos ω-3 mejoran la salud y función del organismo, teniendo un papel importante en algunos procesos fisiológicos.

Por esta razón, muchos nutricionistas prestan su atención en los AGE a la hora de la fabricación de piensos, por su consiguiente beneficio tanto para la salud animal como humana, a través de los denominados alimentos funcionales. En efecto, los ácidos ω-3 desempeñan un papel importante en la salud humana en relación con sus propiedades anti-aterogénicas, anti-trombocíticas, anticancerígenas, y anti-inflamatorias, contribuyendo a la mejora de las funciones cardíacas y vasculares (Simopoulos, 2009). Sin embargo, la prevalencia de problemas de salud en animales de granja se relaciona más con enfermedades respiratorias o gastrointestinales agudas que con problemas crónicos. El papel de los AGPI  ω-3 en la modulación de los mediadores de la inmunidad humoral y celular puede aportar grandes beneficios a los animales de granja.

 

Aporte de ácidos grasos Omega 3 (ω-3) a través de las materias primas

Las fuentes de alimentación más ricas en EPA y DHA son ciertos tipos de algas, zooplancton, fitoplancton, aceites de pescado y mariscos. La capacidad de bioconversión del ácido linolénico es muy variable entre especies de peces, generalmente en peces de agua dulce es elevada y reducida en peces de agua salada. Mientras que fuentes vegetales como la linaza, tanto entera, molida, como en forma de aceite es la principal fuente de ALA. Los cuadros 1 y 2 muestran el contenido en AG ω-3 de algunos vegetales y aceites de pescado.

 

Cuadro 1. Contenido de ácido linolénico de diferentes materias primas vegetales utilizadas en la fabricación de pienso.

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Cuadro 2. Contenido en ácidos grasos 􀁴-3 de varios aceites de pescado (valores expresados en %).

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En dietas para cerdos, la proporción de 􀁴-6/􀁴-3 puede fluctuar 4:1 a 11:1, dependiendo de la composición del pienso. Esta proporción tiende a ser alta en los piensos compuestos a base de cereales y materias primas proteícas, que son naturalmente ricos en ácidos ω-6 grasos (Wilfart et al., 2004). Haak et al. (2008) reportaron relaciones ω-6/ω-3 de 8:1, 2.5:1 y 1,5:1 en dietas para cerdos a base de cebada, trigo y harina de soja en función de la inclusión de grasas animales, aceite de pescado o triturados de linaza, respectivamente. Kouba et al. (2003) reportaron tasas ω-6/ω-3 de 7:1 y 1:1, en una dieta de control (compuesta de trigo, harina de soja, cebada y mezclas de grasas) y en una dieta rica en semillas de lino, que contenía un 6% de semillas de lino trituradas, trituradas, respectivamente. La inclusión en la dieta de aceites vegetales, como aceite de colza, es capaz de disminuir la proporción a 4.7:1 ω-6/ω-3 (Htoo et al., 2008).

 

Continúa en parte II

 

Fuente: Quiles, A. y Hevia, M.L. Departamento de Producción Animal. Facultad de Veterinaria. Universidad de Murcia. Universoporcino.com

 

 

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