La evasión, flagelo de la industria porcina.

Los empresarios reclaman una rebaja del IVA, que ahora es del 21%, al 10,5% para toda la cadena; consideran que de esta manera se transparentaría todo el negocio; la integración como base del crecimiento

 

En momentos en que la producción porcina atraviesa un buen momento, la industria del sector, necesaria para acompañar el crecimiento, identifica la evasión como uno de los grandes obstáculos del desarrollo.


Sobre este aspecto, pusieron especial énfasis Hugo Jorge Carassai, secretario de la Unión de la Industria Cárnica Argentina (Unica) y Martín F. de Gyldenfeldt, gerente de la Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Afines (Caicha), quienes además destacaron que la tasa de IVA, las de abasto y las municipales, entre otras distorsiones, perjudican la cadena de valor, restan posibilidades para encarar proyectos, hacen perder ocupación de mano de obra y además le dan "aliento" a una evasión que, en chacinados, se ubica en el orden de los 500 millones de pesos anuales para un sector que factura 2400 millones de pesos.


"La evasión es el tema más grave de todos", dijo Carassai. "Una alícuota del IVA del 21%, ingresos brutos, la tasa de abasto, la de publicidad, el impuesto a los débitos y a los créditos, que es un despropósito y las cargas sociales sobre la mano de obra (casi 10 puntos), suman prácticamente 35 puntos de diferencia y todo indica que se hace sumamente difícil competir con esa gran ventaja por parte de los evasores", añadió.


Destrucción.
Si a eso se le suma el impuesto a las ganancias se hacen 4 o 5 puntos más, por lo que se llega a 40 puntos. "Esto deteriora el mercado, la calidad y destruye la sana competencia." Para los especialistas, se está controlando a quien no haría falta controlar y más lamentable aún es que si hay evasión hay serios riesgos sanitarios.


Los chacinados tienen una alta tasa de IVA, que es del 21 por ciento. Muchas veces se propuso que fuera como en bovinos, del 10,5% en toda la cadena. Si eso llegara a suceder, se transparentaría muchísimo todo el negocio y sería un gran paso para controlar la evasión, según creen los empresarios. Pero hasta ahora no hay respuestas.


Se agrega a ello una "aduana interna", que es la tasa de abasto, que rige principalmente en partidos bonaerenses y se superpone con los controles del Senasa que es el organismo máximo sanitario. "Si no reconocemos la autoridad sanitaria en nuestro país, ¿cómo vamos a pretender que se reconozca en el exterior?", se preguntó Gyldenfeldt.


Si se ingresa a un partido a vender mercadería, hay que pasar por una cabina de control bromatológico en la que sólo se sella una boleta que luego es requerida por el cliente para cubrirse de cualquier reclamo de la municipalidad. La tasa de abasto representa aproximadamente un 5% del costo final de los productos.


"Cada partido, con su sistema, genera burocracia y los que eluden el sistema finalmente terminan siendo los beneficiados. Además, no hay necesidad de ese contralor si se admitiera como corresponde el sistema federal que lo tiene que ejercitar Senasa, ya que todo tráfico interestadual de productos requiere su intervención", dijo por su parte Carassai.


Respecto de las tasas municipales aparece otra distorsión que es negocio de algunos municipios y estudios vinculados a ellos, según los especialistas. Se intima a las empresas si venden en la jurisdicción, aunque paguen otros impuestos (IVA, ingresos brutos, etcétera). Estas comunas tratan de cobrar una tasa de "servicios" que no se prestan. Se considera un impuesto realmente ilegítimo, porque tratan de gravar la evolución o la facturación. Ahora, últimamente están queriendo cobrar también una tasa a la publicidad en locales, por el simple hecho de tener un almanaque o una calcomanía. Dijo Carassai: "Más burocracia, más distorsiones y, al fin de cuentas, un castigo para el que cumple, porque a lo mejor, como tiene marca y siempre trabaja en blanco, es el más expuesto y/o perseguido. Hay juicios, reclamos, amparos y una serie de cuestiones que no generan valor, sino que lo hacen perder y fomentan la competencia desleal".


La producción de la industria porcina va prácticamente en su totalidad al consumo local. Si bien hay exportaciones, se componen principalmente de grasas y aceites. Las de productos elaborados son muy pocas. La industrialización del porcino tiene dos mercados bien definidos: uno de consumo de cortes frescos y otro de industrialización (salazones y chacinados).


La faena arroja un consumo de 6 kilogramos por habitante y por año, los que se distribuyen en 1,5 kg en cortes frescos y el resto, 4,5 kg, para la industria.
Gyldenfeldt entiende que hay que inculcarle al consumidor que no compre productos no identificados para evitar problemas sanitarios. Cree, también, que por el poder adquisitivo de la población, el mercado local no se expandirá. Se podría alcanzar los niveles de 1998, en que se llegó a 8,5 kg/hab/año, pero hoy estamos en 6 kg/hab/año; por lo tanto, una salida es la exportación.


Trabajo lento.
"Es un trabajo lento que habrá que transitar", explica. Un paso fundamental es que la Argentina se haya autodeclarado recientemente ante la Organización Internacional de Epizootias (OIE), como país libre de peste porcina clásica.


Sería importante también para ello, añade, que en algún momento se pudiera hablar de "cadena de porcinos" como existe en otros sectores. Para los especialistas, ése es el gran negocio para el país, integrar la cadena de valor. Son escasísimas las empresas integradas; habría que ampliar notablemente el espectro.

Esto significa fábricas de chacinados que tengan sus propios criaderos o empresas del sector productor primario y el sector industrial que se asocien para tener así una cadena de valor que sume y que, además, permita superar mejor los ciclos que muchas veces han destruido a los establecimientos porcinos.


Mercados: Rusia, Estados Unidos y, por supuesto, la Unión Europea, por el gran diferencial de cambio a favor. Pero en Europa se consiguen muy buenos productos, se sabe, por eso hay que competir de igual a igual. Esto acaba de empezar; el futuro es promisorio, pero para exportar hay que tener una plaza interna en orden y ser pacientes. Esto es, ganar terreno en cada mercado día tras día.


Por Héctor Müller
De la Redacción de LA NACION .

 

 

 



 


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